Hace un tiempo, en una reunión obligatoria de empresa, noté la presencia de dos mujeres que nunca antes había visto. Su presencia resaltaba en la sala a simple vista, como si las hubieran marcado a conciencia con un marcador fluorescente, porque su edad era superior a la media de los que allí nos encontrábamos sentados. Más tarde, uno de mis compañeros me chivó en privado: “Mira, tú y yo estamos en los años de estar trabajando en estas cosas, pero ellas…”
Sin miramiento alguno nos echó en el mismo saco, creyendo que él y yo teníamos lo suficiente en común; me hizo cómplice pues ambos somos jóvenes, ambos estamos estudiando y ambos sabemos de sobra que este trabajo es un pasatiempo hasta encontrar algo mejor. En cambio, esas mujeres eran mujeres entradas en sus cuarenta que se mantenían con un empleo a medio tiempo.