Existe un eco triste en mis pasos cuando ando por esta ciudad. Algo me invita a quedarme, pero algo más fuerte tira de mí para hacerme marchar. Esa melancolía de un lugar que conozco se apelmaza en le cielo de mi boca; el reflejo de mi ser en los escaparates nunca acaba de convencerme. No importa cuánto lo intente. Creo que he estado engañándome a mi misma...
Es la mediocridad con su lengua lasciva la que lame mis heridas. Recuerdo entonces que lo he olvidado todo; todo aquello que prometí en otro tiempo ahora tan lejano. Grandes expectativas planté en mí, como si el futuro fuera a construirse sobre decisiones mal tomadas por una adolescente deprimida que tenía la suerte de llegar viva a la mañana siguiente. ¿Qué esperaba? Este futuro no sé si me gusta... tampoco sé que futuro quiero.
Imploro para salir de aquí de repente... pero todos sabemos qué es eso, ¿no? Escapar de esta ciudad no me hará escapar de mí misma. Ya lo experimenté una vez y parece que no he aprendido nada al respecto.
Espero de los demás su compañía para así reparar este vacío persistente en un corazón exprimido por la tristeza. El proceso no es líneal, lo sé de sobra. Pero me siento tan sumamente sola en esta ciudad, en esta casa, en esta habitación... Cada vez tengo más tiempo y menos amistades. Me siento terriblemente alejada de todo el mundo.
Ah... pero septiembre llegó con su "oh dios mío" y, esta vez, con ropa veraniega no nos joderemos de frío. No tenemos 19 años, ni menos, tampoco los suficientes para salir de vez en cuándo, vivir conectadas. Al final... siempre he estado sola. Sólo que ahora odio estarlo.
Siempre quiero más, ese es mi problema. Escaparé de esta ciudad, o no, pero esa sensación de vacío, de necesidad de más será perpetua. Nunca me sentiré satisfecha, porque siempre estaré "yo" en la ecuación. Solo si me elimino de ella, las cosas no suenan tan mal. Ah... al final sigo sentada en este ordenador, en esta habitación con pintura desconchada, deseando ser otra persona. O no ser nada en absoluto.
Ipsum 2/9/26
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